El discurso triunfalista de Alejandro Murat recorre la geografía estatal y alcanza espacios a nivel nacional, el clan Murat ha trabajado duramente para tener todo bajo control mediático. Ha tejido los acuerdos nacionales para tener todo bajo control político mientras, acostumbrados a mentir, maquillan la realidad de uno de los estados más pobres de México.

No están acostumbrados a reconocer la pobreza, la incapacidad de generar verdaderas alternativas de cambio y la búsqueda de un verdadero desarrollo integral, lo suyo es la simulación, el control y los acuerdos políticos para seguir escalando puestos, sumar estrellas a su vida personal, sacar buena nota, aunque sea haciendo trampa.

Para seguir ejerciendo esa verticalidad de mando es necesario llegar a los acuerdos nacionales con un Gobierno Federal deseoso de sacar los grandes proyectos geoestratégicos con las fuerzas políticas de uno de los estados que ha sido punta de lanza en la defensa de tierra y territorio, de pueblos y comunidades indígenas y del derecho a la Educación.

Las operaciones de limpieza social contra líderes y organizaciones sociales, el control de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca y los viejos satélites que entran al juego mediático de simulación de defensa de los Derechos Humanos le permiten simular que en Oaxaca no pasa nada. Nada que ellos no quieran que pase.

Las oaxaqueñas y oaxaqueños están acostumbrados al viejo juego de la simulación y a vivir sin esperar de la política, brilla por su ausencia la procuración y administración de justicia, los pobres, los indígenas no tienen recursos para pagar abogados que les gestionen sus casos. A eso Murat le llama gobernabilidad y aumento de seguridad.

Aumentan de modo alarmante los feminicidios y la desaparición de personas, se multiplican los homicidios. Las policías solamente están acostumbrados a robar, no a investigar. Los expedientes, las carpetas de investigación se acumulan día con día. No es que no existan métodos y técnicas de investigación efectivos. Es que el sistema está diseñado para la simulación y simula.

Los presupuestos para educación, salud y alimentación siempre serán insuficientes, pero esto no se verá reflejado en el modo de vida de quienes gobiernan, ellos se auto pagan por simular que sirven al pueblo y no se permiten una vida menos que dioses. Baños de pueblo incluido.

Las acciones de gobierno que son su responsabilidad se las venden a los oaxaqueños como graciosas concesiones del gobernante en turno.

Una nube de políticos y lambiscones pululan en derredor del poder gubernamental en espera de nuevos cargos y beneficios. Ya se prepara desde hace tiempo el relevo en Oaxaca y se hacen apuestas de las mejores propuestas que cubran las espaldas de quien se va y deja un estado de cosas peor de como las encontró.

Pasado el informe se pueden desmantelar las casitas de cartón, devolver la utilería alquilada y que la vida siga su curso por inercia intentando rescatar lo mejor de los oaxaqueños, porque a los Murat eso no les interesa.

A nosotros sí nos interesa:

Que los verdaderos médicos y enfermeras, personal de apoyo y servicios vinculados hagan su mejor esfuerzo para combatir la pandemia enfrentando todas las escaseces.

Que las profesoras y profesores sigan haciendo su invaluable labor para que las nuevas generaciones sean capaces de aprender lo elemental para enfrentar este mundo capitalista.

Que las campesinas y campesinos sigan produciendo aun con toda la falta de apoyo que han enfrentado toda la vida.

Que las emprendedoras y emprendedores sigan pensando en contribuir a un mundo mejor para todas y para todos.

Que las y los periodistas, los y las defensoras de Derechos Humanos podamos seguir defendiendo aun con todos los obstáculos del día a día.

Que entre todas y todos seamos capaces de revertir el daño de la mala política local y nacional para construir una verdadera democracia.

Podemos empezar con una primera propuesta:

Mejorar la educación en Derechos Humanos, que todas las personas seamos capaces de conocer, entender y defender el derecho que tenemos a una vida digna.

Es tiempo de decir a los Murat:

¡Basta ya!

Desde un rincón del exilio,

Juan Sosa Maldonado

Defensor de Derechos Humanos