Visitar en estos días el parque de Santa Ana es encontrarse con una gama de sabores, olores y colores por la presencia de Oaxaca y la Guelaguetza en Mérida.

Igual tiene múltiples alimentos, dulces, bebidas y artesanías para compartir con los asistentes.

Numerosas familias se dieron cita ayer en el domingo de asueto para llenar la mirada y en muchos casos el estómago de las propuestas artesanales y culinarias que la exposición de Oaxaca trae a la ciudad desde hace 12 años.

Las mujeres se vieron cautivadas por la gama de ropa típica, con variedad de modelos y bordados.

Llamó la atención que aunado a los modelos típicos hay propuestas innovadoras para aquellas mujeres que buscan algo tradicional y a la vez moderno, como se vio en nuevos diseños de vestidos bordados con cortes asimétricos y estilo minifalda.

Las bolsas bordadas y de textiles de múltiples tonalidades también son objeto de atención, entre éstas se observaron diseños de bolsas que combinan el uso del sabucán hecho de un material plástico, pero que en la parte del frente luce el fino bordado de flores que suelen mirarse en las prendas típicas oaxaqueñas.

En los puestos que venden alimentos, bebidas y dulces los visitantes se tomaban más tiempo para explorar las posibilidades de su compra.

Mole negro, rojo, amarillo, salsa de habanero con mango, salsa de chapulín con ajo, de arándano, chocolate elaborada 100 % con cacao, churritos de amaranto, nopal y linaza, ajonjolí garapiñado, cacahuates con ajo y chapulines, lentejas enchiladas, chicharros salados, semillas de girasol al mojo de ajo, maíz horneado con queso, frijol de soya y frutos secos, entre otros, son parte de lo que se puede encontrar ahí.

No pueden faltar los que ofrecen el quesillo de hebra, el queso estilo panela, el queso doble crema, los chorizos y tasajo, este último conocido en la región como cecina, y una amplia variedad de chapulines, desde los simples hasta los que vienen con sal y limón, con chile, o al mojo de ajo. Una bolsita pequeña de chapulines se vende en $30.

De acuerdo con Alberto Vásquez Sánchez, director general del Grupo Cultural Oaxaca, que se hace cargo de la organización del evento, este singular insecto es uno de los que más buscan y compran los yucatecos que visitan la exposición, al igual que el quesillo y los moles.

Algunas nieves que ofrecen son las de tuna, tequila, maracuyá y pétalo de rosa.

En la exposición de Oaxaca y la Guelaguetza en Mérida también se pueden encontrar variedad de mezcales, una bebida que se ha vuelto muy popular entre los yucatecos.

En el lugar lo promueven con simpáticas rimas, como “si tomas mezcal y comes verduras tendrás las nalgas bien duras” o “si untándote alcohol en las manos matas el 99% de las bacterias, tomándolo te vuelves inmortal”.

Rompope de sabores y jugos orgánicos de arándano, uva, granada y zarzamora que (según promueven) tendrían muchas propiedades curativas están a la venta, así como pulpas enchiladas de frutas como piña, mango, durazno, ciruela, guayaba y, por supuesto, dulces más tradicionales como cocadas, palanquetas de pepita y cacahuate, camote y obleas.

Juguetes tradicionales elaborados en madera y otros de tipo didáctico son parte de la exposición de Oaxaca, que cuenta también con un área de restaurante en la que se vende una variedad de antojitos, como las tlayudas, el tamal oaxaqueño, quesadillas fritas, nolotes, enmoladas, enfrijoladas, mole negro, tasajo, carne enchilada, memlitas, sopes, huaraches, enchiladas y flautas, y bebidas como atole champurrado, chocolate de leche y de agua.

Oaxaca y la Guelaguetza en Mérida permanecerán en el parque de Santa Ana hasta el próximo viernes 14 de febrero.

El horario es de 9 a 22 horas y todos los días hay actividades culturales, pues a las 17 horas hay una clase gratuita de danzón y a las 19 horas se presenta algún número artístico con artistas de Oaxaca y Yucatán.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

Leyenda de la leche quemada

Una de las nieves más tradicionales que se vende en el evento es la de leche quemada. Cuentan que su origen se remonta a la visita de un obispo a Oaxaca muchos años atrás, a quien las monjas del convento le prepararon nieve, pero se le encargó a una monja muy distraída que cuidara el alimento y se le quemó. Como no podían conseguir leche a esa hora decidieron hacer la nieve con esa leche; al obispo le encantó y pidió que no faltara en la mesa mientras él estuviera ahí.

CON INFORMMACIÓN DE DIARIO DE YUCATÁN