Arranca ya en el proceso electoral rumbo al domingo 06 de junio de 2021 y en un país donde existe, como en México, una Crisis de Derechos Humanos, no puede decirse que será un proceso democrático y respetuoso del estado de derecho.

En México, independientemente de los resultados electorales, por la corrupción e impunidad, simplemente no se respetan y se violan permanentemente los Derechos Humanos. Es urgente cambiar ese estado de cosas, nos va la vida en ello.

    Confiar tareas de seguridad a miembros del Ejército y la Marina, históricamente los principales violadores de Derechos Humanos y represores del pueblo mexicano, es aceptar ser rehén de las instituciones que deben respetar al Jefe del Ejecutivo como al Jefe de Las fuerzas Armadas, hecho que deja perfectamente clara la razón por la que el crimen organizado, lejos de ver mermada su presencia en el territorio nacional, sigue cometiendo delitos. El Ejército no es la solución, es el problema.

    Luchadores sociales como Samir Flores asesinado el 20 de febrero de 2019 en el estado de Morelos, el asesinato de 05 integrantes del Comité por la Defensa de los Derechos Indígenas (CODEDI), el Asesinato del integrante de Sol Rojo Luis Armando Fuentes Aquino, así como la desaparición forzada del Dr. Ernesto Sernas García y el asesinato de Tomás Martínez Pinacho el pasado lunes 24 de agosto en Oaxaca, demuestran que los defensores y defensoras de medio ambiente y territorio, líderes sociales, periodistas, defensores y defensoras de Derechos Humanos somos quienes nos exponemos día con día en lo que representa la primera línea de fuego para el crimen organizado, crimen organizado que echa mano del narcoparmilitarismo como mecanismo de contrainsurgencia social en una descarnada guerra contra el pueblo, pueblo que solamente busca una vida digna, justicia y libertad  frente al neocolonialismo y explotación.

    A nivel nacional, la ineptitud, corrupción e impunidad con que operan las fiscalías estatales es la misma que hemos conocido y padecido de lo que ahora es la Fiscalía General de la República, otro claro ejemplo de las cosas que se tienen que cambiar. El  cambio verdadero debe pasar por los tres niveles de gobierno y los tres poderes de la Unión.

    Un tercio de este sexenio ha transcurrido y por ninguna parte vemos que las cosas mejoren: la derecha sigue pensando en un príncipe rubio, las potencias coloniales nos siguen explotando directa o indirectamente a través de sus personeros o empresas. No tenemos mejor educación, y nos sigue aquejando viejos problemas en salud.

    Seguimos teniendo una galopante partidocracia y a los políticos solamente se les ve en época de campaña, después solamente sabemos de impunidad y corrupción en esa permanente agresión a los intereses del pueblo, directamente al pueblo.   

    A las organizaciones de la sociedad civil, a periodistas, a personas defensoras de Derechos Humanos, ambientalistas y dirigentes sociales, a las víctimas de violaciones de Derechos Humanos,  a sus amigos y familiares en lugar de satanizarles se les debe reconocer y valorar el esfuerzo en la búsqueda de una patria mejor, donde todas y todos seamos iguales, haya un verdadero estado de derecho y por consiguiente se respeten los Derechos Humanos.

    Los líderes y dirigentes de la derecha, los partidos de izquierda de la derecha, en lugar de insistir en polarizar, dividir y enfrentar a los mexicanos, deben sumarse a la iniciativa democrática de construcción de una nación libre y soberana.

    Hay que regenerar a los cuerpos policíacos y militares ya, hay que operar un cambio verdadero, por eso hace falta  educar al pueblo de México, para que conozca y haga respetar sus Derechos Humanos.

    Necesitamos más recursos para la educación y menos para el Ejército y la Marina. Que a cumplir y respetar la Constitución se nos enseñe desde las aulas y que no se pretenda educarnos a punta de bayoneta.

¡La paz es el camino!
¡Justicia y libertad, ya!
¡Vivos los queremos!

    Desde un rincón del exilio,
Atentamente:

Juan Sosa Maldonado
Defensor de Derechos Humanos