El 25 de junio de 1944, a los 38 años de edad, Lucha Reyes se quitó la vida con media botella de tequila y 25 nembutamoles.

“Me llaman La Tequilera como si fuera de pila porque a mí me bautizaron con un trago de tequila”.

María de la Luz Flores Aceves nació en Guadalajara, Jalisco, el 23 de mayo de 1906.

Dice la dramaturga Ximena Escalante que en realidad se llamaba María de la Luz, pero en escena usaba otros nombres, como Lucero, o Lucha, el que la inmortalizó. Reyes no era su apellido, lo tomó del segundo esposo de su madre, Victoria Aceves.

María de la Luz Flores Aceves fue hija de padre desconocido. Por eso, afirma la escritora, la relación entre ella y su madre fue distante y hasta violenta. “Era alcohólica, vivía en la calle y nunca tuvo un gesto de cariño hacia su hija”.

VIDA TRÁGICA

Lucha creció en la pobreza extrema. En tiempos de la Revolución viajó con su madre de Guadalajara a la Ciudad de México. Tenía 4 años y llevaba poco más de un año sin hablar.

Fue la primera vez que se quedó muda. A los 19 años le sucedió de nuevo en Berlín. El empresario que la llevó a una gira la abandonó porque el show fue un fracaso. Sin dinero, no podía comprarse un abrigo para soportar el frío y una infección en vías respiratorias la dejó afónica.

Pasó dos años en Alemania, hasta que se contrató en un barco para regresar a México. Y fue gracias a la enfermedad, que lastimó para siempre sus cuerdas, que adquirió su sello e impuso una nueva forma de interpretar la canción mexicana: con la voz resquebrajada.

Su voz y estilo inconfundible le reservaron un lugar en la historia musical mexicana.

Provenía de una familia de músicos; forjó su carácter inspirada en el estilo de las soldaderas del movimiento revolucionario.

Ganó su primer concurso de canto a los 13 años y desde entonces, provocaría tumultos en los lugares donde se presentaba, con actitud retadora y botella de tequila en mano.

En carpas y teatros hacía resonar su voz ante los oídos excitados de los espectadores: así empezó su carrera de cantante.

Participó en películas como Canción del alma (1937), La tierra del mariachi (1938), Con los dorados de Villa (1939), El zorro de Jalisco (1940) y ¡Ay Jalisco no te rajes! (1941).

La intérprete mexicana trastocó el rol femenino en la canción ranchera. «Fue una cantante innovadora que se apropió de un estilo reservado para los hombres».