Sin funcionarios que realmente conozcan los problemas ecológicos que vive la entidad, el gobierno de Oaxaca da palos de ciego y deja a la deriva la política ambiental.

El reciente nombramiento de Samuel Gurrión, un político venido a menos, y que hora «revive» gracias al gobernador Alejandro Murat, ha provocado reacciones de rechazo por parte de ecologistas y organizaciones que trabajan en pro del medio ambiente.

Activistas acusaron la improvisación y la falta de compromiso hacia un tema que exige atención y soluciones urgentes y concretas.

Son varios los problemas que amenazan el equilibrio natural del estado y la capital, y en ese sentido el Colectivo de Organizaciones Ambientales de Oaxaca (COAO) ha insistido y además participado de manera activa en su solución.

RÍO ATOYAC, CASO GRAVE

Por ejemplo, uno de los casos graves y por ello prioritarios es el río Atoyac.

El río Atoyac es sinónimo de mal olor y contaminación; sobre su cauce ya no corre agua limpia, sino un cúmulo de aguas negras que se depositan ahí, procedentes de 34 municipios que se ubican en sus márgenes.

En el municipio de San Juan Bautista La Raya y Ánimas Trujano, donde atraviesa el cauce del arroyo, la característica principal son los olores fétidos que se despiden, el campo a su alrededor seco y la basura que ronda en el lugar.

Hace unos días Nasario García Ramírez, Francisco Verástegui, Gerardo Aldeco, Jorge Luis Alvarado y Manuel Núñez, entre otros integrantes del COAO realizaron, nuevamente, un tequio por la salvación de este afluente.

Y es que la descarga de aguas residuales de al menos unos 34 municipios de Valles Centrales, es el factor principal de que el río se encuentre contaminado en un 98 por ciento, de acuerdo con un reporte del Organismo de Cuenca Pacífico Sur, de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

El organismo ha detectado hasta 500 mil partes coliformes fecales por un millón de litros en el afluente, producto de las descargas de usos municipales, industriales, comerciales, de servicios, domésticos e incluyen fraccionamientos.

Y sin ser experto, cualquier ciudadano podría comprobar a simple vista que es así. A pesar de que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha establecido sanciones a los municipios donde han confirmado la descarga de residuos, no sirve de nada porque esta práctica continúa.

El COAO alerta que de no darse la atención necesaria en un corto plazo, las consecuencias serán irreversibles para el río Atoyac y las zonas donde atraviesa.

Urge la aplicación de un plan integral de rescate del río Atoyac, pero no con acciones mediáticas sino reales y donde exista la colaboración de los tres niveles de gobierno y de la misma ciudadanía.

Se han identificado por lo menos unos 200 tiraderos a cielo abierto en municipios cercanos al riachuelo, cuyo tratamiento de los desechos es nulo y los lixiviados que se generan, van a parar a los ríos.

Además se tiene que frenar el saqueo indiscriminado de material pétreo del caudal, pues causa la degradación de los lechos.

El Atoyac enfrenta una contaminación desde hace 30 años y cada día se agrava.

El desdén del poder político al nombrar a servidores públicos sin conocimiento del tema obliga a los activistas a seguir trabajando de manera independiente y de la mano con la sociedad antes de que sea demasiado tarde.