El agua en la historia y la cultura de Oaxaca: el “chorro” de Tanivet

En los años setentas el gobierno local perforó pozos para encontrar agua y proveer del líquido a la creciente población de Oaxaca.

El 20 de febrero de 1979 se difundió la noticia de la aparición de un “chorro” de agua  en Tanivet, cerca de Tlacolula.

Inmediatamente, la gente comenzó a especular sobre este fenómeno. Causó tal furor que incluso se le atribuyeron propiedades curativas, y una serie de leyendas crecieron a su alrededor.

Cuentan las crónicas del momento que el chorro de agua salada, de aproximadamente 20 a 40 metros de altura, se podía observar a la distancia en los alrededores de Tlacolula.

Rápidamente se convirtió en casi una fiesta al aire libre con puestos y gente refrescándose en las nuevas pozas. Debido a la salinidad del agua, la tierra se volvió infértil para la agricultura.

Los habitantes aprovecharon la atracción turística y pronto comenzó la vendimia de tacos, tlayudas, mezcal, raspados y frutas.

Uno de los mitos que se crearon fue que el chorro provenía de un brazo de mar.

LA TRISTE REALIDAD

Sin embargo, según la opinión de expertos, el mar se encuentra a 200 kilómetros del sitio, por lo que el chorro no pudo haber provenido del mar.

La búsqueda de agua para irrigar suelos agrícolas en Tanivet llevó a las autoridades a perforar un pozo dando como resultado el brote de un chorro de agua de entre 20 y 40 metros de altura capaz de levantar hasta 200 kilos y derramar 100 litros de agua por segundo.

El agua encontrada resultó ser salada.

Esto generó optimismo en los primeros días, ya que se pensaba aprovechar este brote de agua para el cultivo de peces y para desarrollar un centro recreativo; estas ideas unas semanas después se volcaron pesimistas ya que vecinos y agricultores de Tanivet se presentaron ante el gobernador Eliseo Jiménez Ruiz para solicitarle el cierre del brote de agua salada ya que los terrenos agrícolas se estaban contaminando por la sal.