El culto al agua, presente en los pueblos indígenas

Para muchos pueblos indígenas de Oaxaca el agua sigue presente en ceremonias, ritos, fiestas y danzas.

Estas ceremonias en torno al agua o en el culto a la deidad de la Lluvia también se han mezclado con las celebraciones religiosas del calendario católico, de tal suerte que en algunas comunidades cada 3 de mayo (día de la Santa Cruz) acuden a las ciénegas o a cuevas para pedir la lluvia.

El investigador del INAH, Miguel Bartolomé, refiere que en la Costa, en los poblados de de Ixtayutla y Santa María Zapatepec, se localiza el Cerro de la Campana a donde acuden varios pueblos a pedir lluvias al Ñu´un davi (deidad lluvia) o salud al Ñu´un tajna (deidad curación).

Otro ejemplo es el cerro de San Vicente cercano a Tututpec y llamado Yucu cha’yu ka’un (Piedra Grande), también se acuden para realizar petición de lluvia. (Bartolomé, 1999).

Algo similar ocurre en el distrito de Nochixtlán, en la Mixteca alta, en donde los cultos en cuevas son frecuentes, pues se siguen considerando cuevas de lluvia.

Así, en San Miguel Chicagua, ÑChii Kawa (Peña abierta o Lugar de Peñas) existe una caverna donde se hacían ceremonias propiciatorias de las lluvias denominada yavi kee yuku (cueva de la curación; literalmente, “cueva donde se depositan las medicinas”) en las que participaba toda la gente de la localidad, pero que ahora se encuentra casi abandonada.

En Apoala está la cueva Kawa Laji (cueva del diablo). En San Juan Diuxi también se rendía culto al dios de la lluvia en una cueva llamada Xee Kawa (Pie de la cueva) donde la población concurría durante el mes en septiembre; en la actualidad consideran que ahí están escondidos los ídolos de piedra que representan a las deidades mixtecas.

El culto parece haber decaído también en San Pedro Tiida, aunque los mayores aún recuerdan las ceremonias propiciatorias en la cueva We’edawi (casa del agua).

Sin embargo el culto persiste en otros pueblos en la región, como en el caso de Santiago Mitlatongo, localidad donde aún se mantiene el culto a la cueva Veé Lavi (casa del agua), en donde se hacen ofrecimientos para propiciar las lluvias presididas por especialistas.” (Bartolomé, 1999).

Un aspecto importante al resaltar que este vínculo con el agua sigue estando presente aún en las festividades católicas.

Tal vez un ejemplo relevante, se el santuario del señor de Tamazola, en donde cuentan que se apareció un cristo en una peña de grandes proporciones, el cual fue llevado a una capilla en la cabecera municipal y se regresaba a la peña, hasta que finalmente acepto quedarse en el pueblo.

Sin embargo, la tradición de la visita a Tamazola consiste en hacer el recorrido a pie y pasar por la peña en donde apareció el cristo, hacer el pedimento, bendecirse con el agua que brota del río y entrar a la cueva en donde hay que esperar que una gota de agua caiga sobre de uno como señal de buen augurio en los pedimentos realizados (Comunicación personal, Rogaciano Lázaro, 1988).