Diecinueve tiros de alto calibre (tres en el cráneo) pusieron fin, el 25 de septiembre de 1995, a la oscura trayectoria de Nahúm Carreño Vásquez, asesor general de la Universidad Autónoma «Benito Juárez» de Oaxaca (UABJO), reconocido como «el verdadero poder» detrás del entonces rector Homero Pérez Cruz y cabeza del porrismo universitario que desde entonces se encuentra a la deriva.

Sin conseguir su propósito final de asumir la rectoría de la casa de estudios, Nahúm Carreño cayó acribillado a la salida del edificio principal de Ciudad Universitaria y a plena luz del día, frente a estudiantes y miembros de su camarilla que lo acompañaban.

Su muerte recuerda los asesinatos, cada uno en su momento, de Carlos Hernández Chavarría y de Alejandro Jarquín alias el «Boogie», entre otros, personajes igualmente siniestros, inflitrados en la estructura informal de la institución educativa.

Aunque algunas voces han querido identificar el procedimiento por el que fue asesinado Nahúm Carreño con prácticas de grupos guerrilleros, y otros buscaron chivos expiatorios entre el estudiantado de la Universidad, lo cierto es que incluso gente cercana al extinto asesor general de la UABJO ha comentado que «su muerte era previsible».

Recordemos también el señalamiento de su viuda, Leticia Mendoza Toro, en pleno funeral, en el sentido de que entre los asistentes estaba uno de los asesinos de su esposo, aunque días después se retractó, aduciendo que estaba muy confundida cuando lo dijo.

Los incondicionales de Nahúm lamentaron su muerte. Maestros y alumnos dramatizaron, gritaron, exigieron, pasearon su féretro por la ciudad. Los porros se rasgaron sus vestiduras.

Diódoro Carrasco también deploró el hecho y calificó al occiso como «factor esencial para la construcción de una nueva relación de cooperación y respeto entre el gobierno y la Máxima Casa de Estudios». (sic).

«EL JEFE»

«El jefe» le decían en alusión a que se ostentaba como «el verdadero rector» de la UABJO.

Se formó en los años setenta, a la sombra de Marco Antonio Niño de Rivera y al amparo de Eliseo Jiménez Ruiz.

Con ello, Carreño Vásquez gozó hasta su muerte de triste reputación, temor y poder dentro de la Universidad.

Muchos estudiantes desconocen su historia, aunque seguramente los padres de algunos sufrieron alguna vez vejaciones y golpizas por parte de los porros del Grupo Universitario «Nicolás Guillén», creado por el Estado para controlar la efervescencia que trajo consigo el Movimiento Democrático Universitario Popular, a partir de diciembre de 1975.

HISTORIA DE REPRESIÓN

El grupo porril encabezado por Niño de Rivera, del cual formaba parte Nahúm Carreño, llevó a los extremos la represión contra los estudiantes universitarios por órdenes del Estado, que se valió del Ejército, la Policía Judicial Federal, la Dirección Federal de Seguridad, la llamada «Brigada Blanca», las policías estatales y hasta los bomberos, para sacar de la Universidad al entonces rector Felipe Martínez Soriano y aniquilar el Movimiento, ya que en esencia fue el factor de transformación de la Universidad elitista y retrógrada, a una universidad democrática y progresista «de masas».

BOTÍN POLÍTICO Y ECONÓMICO

Cabe recordar que la rectoría de la UABJO es considerada un botín y trampolín político hacia posiciones clave en la administración estatal.

De ahí «brincaron» Fernando Gómez Sandoval, Agustín Márquez Uribe, Rubén Vasconcelos Beltrán, Fernando Barrita López e Idelfonso Zorrilla Cuevas, entre otros.

La excepción fue Felipe Martínez Soriano, ex preso político en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, en virtud de un proceso amañado, arbitrario e ilegal, habilitado para detener su militancia como dirigente del Frente Nacional Democrático Popular (FDN).

A esta utilización de la rectoría universitaria para proyectarse hacia puestos de poder en el Estado se debe a la ambición de sus aspirantes, pero también a que así son premiados por la función paragubernamental que cumplen dentro de la Universidad, el leit motiv, la razón de ser del porrismo.