El presidente también teje

TEOTITLÁN DEL VALLE, TLACOLULA._ El telar es una extensión de si mismo. Los hilos de algodón son como venas que salen de sus brazos.

En esta comunidad del valle zapoteca el tejido en el telar de pedal es una actividad con equidad de género.

Hombres y mujeres crean, diseñan y enseñan el oficio a las nuevas generaciones y la autoridad pone el ejemplo.

Desde su pedal de telar, Pantaleón Ruiz Martínez es, además del presidente municipal de esta comunidad, artesano tejedor de tapetes de lana con tintes naturales.

Igual que todos los hombres y mujeres de esta población, primero aprendió a tejer que a hablar zapoteco. Aquí, tomar un telar de pedales es un asunto democrático.

Como Pantaleón, decenas de varones de su comunidad aprendieron, desde muy niños, a mover sus pies al ritmo del pedal de sus telares.

Aquí, esta es una actividad artesanal en la que participan todos y todas por igual porque es un orgullo  tejer tapetes y artesanías varias en lana.

La elaboración de tapetes e hilados de lana es un proceso que se transmite de generación en generación, y perdura gracias a los hombres y a las mujeres de este pueblo oaxaqueño conocido por sus tapetes tejidos a mano, que trabajan para impulsar y conservar el uso de tintes obtenidos de plantas e insectos, con técnicas que se extienden a hace más de mil años de tradición zapoteca.

Pantaelón Ruiz Martínez, autoridad y artesano de esta localidad ubicada a 31 kilómetros de la ciudad de Oaxaca señala que casi toda su comunidad se dedica al tejido de tapetes, colchas, manteles, bolsas e indumentaria de lana.

Oliver Sacks, el escritor, neurólogo y botánico aficionado, escribió en su libro “Diario de Oaxaca” que en el pueblo se puede decir que existe una clase artesanal cuya actividad se transmite por herencia.

“Prácticamente, todo el mundo en Teotitlán del Valle tiene un conocimiento profundo y detallado de los oficios de tejer y teñir, así como de cuanto los acompaña: cardar y peinar la lana, hilar, criar los insectos en sus cactus preferidos, recolectar las plantas de índigo apropiadas”, escribió Sacks.

OPTAN POR TINTES NATURALES

El presidente municipal-tejedor explica que la coloración de las madejas de lana debe ser por medio de tinturas naturales que se obtienen de plantas e insectos como: huizache, añil, cochinilla, índigo, musgo de roca, flor de cempasúchitl, entre otros.

«El artesano comienza por el cepillado de la misma. Posteriormente, la lana debe ser hilada y ordenada en grandes manojos fáciles de manipular. Primero se lava la lana en crudo y después pasa por el lavado de color donde (dependiendo de la cantidad de tinte y el tiempo que se deje reposando) adquirirá la apariencia necesaria para su tejido», revela.

Señala que el telar tradicional se manipula manualmente y es trabajo del creador dar el tamaño, colores y dibujos que representarán la futura obra de arte.

Hoy en día, cerca del 75 por ciento de la población de casi seis mil habitantes participa en algún aspecto del tejido.

Cada familia tiene su propia receta y hace su proceso de teñido de manera diferente. Incluso, hay dinastías como los Gutiérrez que están compilando un libro de recetas de tintes.

Otras familias prefieren guardar el secreto: fórmulas transmitidas de boca en boca durante siglos.

IMAGENES: SILVIA CHAVELA RIVAS