Desde 1951, los organizadores han decidido lo que es digno de ser presentado, invitando a las comunidades cuyas presentaciones han resultado más populares, y exhortando a las delegaciones a presentar atuendos coloridos y coreografías vistosas, independientemente de las realidades culturales de sus lugares de origen.

Lo anterior forma parte del documento «Oaxaca. Breve historia de la fiesta llamada Guelaguetza XVIII-XXI», editado por la Biblioteca de Investigación «Juan de Córdova», el Museo Textil de Oaxaca y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.

La investigación centra su tesis en que es inexistente la evidencia que permita ligar el festival conocido como Guelaguetza con las culturas prehispánicas. Su antecedente más claro lo constituye el Corpus del Carmen del periodo colonial y siglo XIX.

Señala que la fiesta folclórica de la Guelaguetza tiene aspectos poco conocidos, especialmente aquellos que contrastan con la estética y el mensaje idílicos del promocional turístico.

LOS ORÍGENES. EL «PIC NIC» ESPAÑOL-CRIOLLO

Esta celebración mayor de los Carmelitas del Convento de la Santa Veracruz desde 1699 fue una fiesta de las familias españolas y criollas de la ciudad. Tenía lugar el 16 de julio y concluía con una suerte de «picnic» de su feligresía, que tras participar en la misa, se trasladaba al cerro cercano para pasar una tarde agradable.

El oaxaqueño Juan Bautista Carriedo describe este evento en su libro en 1849 y hace una comparación con las características que a sus ojos tenían las fiestas de los indios celebradas en la parte baja de la ciudad.

Con ello se aclara que cada sector de la sociedad celebraba por su cuenta. No existe ninguna evidencia de una participación o mestizaje indígena en los llamados Lunes del Cerro hasta la segunda década del siglo 20.

LA CREACIÓN DE UNA FIESTA OAXAQUEÑA

Menciona que a principios del siglo 20 la fiesta se fue volviendo una verbena popular sin carácter religioso.

La conmemoración del Cuarto Centenario de la fundación de la Ciudad de Oaxaca, en abril de 1932, constituyó la ocasión idónea para organizar un vasto programa de actividades encaminadas a exaltar la oaxaqueñidad.

El acto central fue el llamado «Homenaje racial», una escenificación realizada en el Cerro del Fortín en la que participaron representantes de seis regiones indígenas del estado.

«El evento fue la celebración de la sumisión de las regiones indígenas al poder estatal central».

DISTORSIONES

Entre 1930 y 1950 los Lunes del Cerro no tenían un programa fijo.  A partir de 1951, funcionarios y empresarios locales buscan dar mayor proyección turística a la ciudad.

«En 1956 se le empieza a nombrar Guelaguetza, término que en realidad se refiere a la costumbre de los pueblos zapotecos de ayudarse unos a otros en momentos clave de la vida. Con todo esto, se da un barniz indígena a lo que a todas luces es un festival urbano».

«Así, se han fomentado estereotipos que provocan distorsiones: bailes inventados durante el siglo 20 que se presentan como inmemoriales; grupos que se vuelven únicos representantes de regiones étnicamente complejas; el fomento de ideas fijas sobre cómo deben ser los indígenas y la generación de una dinámica y de afiliación y patrocinio político entre caciques regionales y de gobierno», agrega esta investigación de la Biblioteca de Investigación «Juan de Córdova», el Museo Textil de Oaxaca y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.