Empanaditas de fresa, lechecilla, piña y coco son degustadas este día por los oaxaqueños pues forma parte de la tradición del Jueves de Corpus, también conocido como “Día de las Mulas”.

Esta festividad se lleva a cabo 60 días después del Domingo de Resurrección.

En esta fecha, en la que se enaltece a Jesucristo en el «Santísimo Sacramento», miles de oaxaqueños cumplen con el ritual religioso, pero también con la tradición de comer este bocadillo

Esta fiesta tradicional data del año 1526. Se acostumbra rendir culto al Santísimo Sacramento.

Los campesinos traían en sus mulas algunos frutos de sus cosechas para ofrecérselas a Dios como señal de agradecimiento. Esto dio origen a una gran feria que congregaba artesanos y comerciantes de distintos rumbos del país, que traían mercancías a lomo de mula (frutos de la temporada y artesanías que transportaban en guacales).

Cuentan que un hombre, llamado Ignacio, tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un jueves de Corpus le pidió a Jesucristo que le enviara una señal. Al Pasar el Santísimo Sacramento frente a Ignacio en la procesión, Ignacio pensó: «Si ahí estuviera presente Dios, hasta las mulas se arrodillarían» y, en ese mismo instante, la mula del hombre se arrodilló. Ignacio interpretó esto como señal y entregó su vida a Dios en el sacerdocio y se dedicó para siempre a transmitir a los demás las riquezas de la Eucaristía.

Así fue como surgieron las mulitas elaboradas con hojas de plátano secas con pequeños guacales de dulces de coco o de frutas, de diversos tamaños. Ponerse una mulita en la solapa o comprar una mulita para adornar la casa, significa que, al igual que la mula de Ignacio, nos arrodillamos ante la Eucaristía, reconociendo en ella la presencia de Dios.