Las tumbas de piedra

SAN PEDRO NODÓN, SAN JUAN BAUTISTA CUICATLÁN._ De piedra ha de ser la última morada en San Pedro Nodón.

Cuando el último puño de tierra cae sobre sus muertos, los pobladores sellan con piedras la entrada a los sepulcros en el cementerio de esta comunidad mixteca.

En su panteón no hay capillas costosas ni lujosos mausoleos. No se observa siquiera una flor porque para los indígenas mixtecos la piedra es eterna como el alma y las flores en cambio representan corta vida. 

PIEDRA SOBRE PIEDRA

Los dolientes van apilando piedra sobre piedra hasta aprisionar por completo las cruces de madera o metal que habrán de coronar los sepulcros.

A veces la pobreza no permite siquiera comprar una cruz; por ello, algunos cincelan directamente este símbolo sobre el material pétreo y enseguida esculpen el nombre del difunto junto a la fecha de su muerte.

Por último, los deudos formarán con las losas pequeños nichos que resguardarán la tímida luz de una vela. Estos monumentos funerarios ayudan a mantener la luz encendida por algún tiempo dados los fuertes vientos que a menudo golpean e interrumpen la paz del camposanto.

El silencio sepulcral sólo se rompe cuando azota la ventisca emitiendo un silbido que ensordece y aterra.

Pero cuando el viento no sopla, sólo se escucha el sonido que provoca el rodar de alguna piedra que cae desde lo alto de los pequeños montículos.

Las rachas de aire arrastran consigo una densa capa de polvo que inclemente hiere el rostro de quienes por ahí se acercan.

La nula vegetación de la zona favorece que el sol pegue con toda su fuerza sobre las tumbas que a veces parecen emitir destellos de luz.

PASADO REMOTO

Desde el centro de esta población que formó parte de Coixtlahuaca pero que con la redistritación se convirtió en agencia municipal de San Juan Bautista Cuicatlán se visualiza, en una pequeña colina, el conjunto de sepulturas de construcción asimétrica con inscripciones antiguas.

Otras contienen figuras extrañas ya gastadas por el tiempo y símbolos incomprensibles. En una lápida por ejemplo, se alcanza a leer claramente una fecha: 1912.

Nadie en San Pedro Nodón recuerda exactamente el momento de la creación del panteón ni los orígenes del rito funerario que conlleva la costumbre de cubrir con piedras los sepulcros.

Sin embargo, arqueólogos sostienen que en la época de la Colonia los evangelizadores prohibieron a los indígenas que enterraran a sus difuntos en los patios de las casas y por ello optaron por llevarlos al descanso eterno a las afueras de la comunidad.

 Cuando alguien fallece, los familiares cargan el ataúd y lo llevan al camposanto que se encuentra en la cima de una colina árida y pedregosa. Luego, cavan la fosa y colocan la caja mortuoria; enseguida tapan la fosa y, tras la última palada de tierra, colocan las piedras que traen desde una cerro contiguo y que habrán de servir como lápida.

Una explicación de los pobladores a tan singular ritual fúnebre es que la pobreza de la región obligó a los habitantes a utilizar piedra ante la falta de recursos para adquirir otro material de construcción.

REMINISCENCIAS DEL PASADO

Esta singular arquitectura evoca estructuras casi megalíticas, medievales y con frecuencia llegan a observarse escenas que guardan semejanza con pasajes bíblicos.

Y es que algunas veces las mujeres de San Pedro Nodón acuden al cementerio y se pasan las horas contemplando las tumbas como esperando que el milagro suceda: que al igual que en el sepulcro de Jesús, algo divino remueva las piedras y de su interior emerjan sus seres queridos para verlos aunque sea una última vez.

¿DÓNDE ESTÁ?

Se ubica en el municipio de San Juan Bautista Cuicatlán. Se localiza a una hora y media de Cuicatlán. Saliendo de esta última ciudad, rumbo a Santa María Ixcatlán, hay que tomar una desviación a la altura del kilómetro 78. El camino es curvoso y de terracería. Colinda con San Pedro Jocotipac.

IMAGEN: Ollinzihuatl