Guerrero y Oaxaca son los estados con mayor porcentaje de viudas respecto al total de mujeres mayores de 12 años, informó el  Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

De acuerdo con el documento Estadísticas a propósito del Día Internacional de las Viudas, que se conmemora el 23 de junio, la viudez es una condición social en la que ocho de cada 10 personas son mujeres.

Hay muchas causas por las que miles de mujeres han quedado viudas; sin embargo, la muerte de sus esposos por hechos violentos es un tema que aún no ha sido tocado a fondo por las autoridades.

En el Istmo, en la región Triqui o Loxicha se han documentado decenas de casos de mujeres que han quedado viudas por la violencia en sus comunidades.

ESTELA, LA VIUDA DE LOXICHA

Celerino Jiménez fue asesinado en abril de 1997. Desde entonces su viuda Estela Ramírez vive un calvario.

23 años después del asesinato denunciado, la temeridad de Estela sigue causando asombro entre la gente de su comunidad. Desde el mismo momento en que se atrevió a levantar un acta por el homicidio de su esposo -en los días siguientes al entierro- las amenazas son su pan cotidiano.

En la época en que ella, Donaciana Antonio Almaraz, y otras mujeres, formaron la Unión de Pueblos contra la Represión y la Militarización de la Región Loxicha, sufrió un intento de secuestro y varios ataques en la ciudad de Oaxaca y hasta en el Distrito Federal. En 2000 le ofrecen una beca para Dinamarca.

La lucha por organizarse

Celerino nació en la comunidad de Tobalá Copalita, municipio de San Agustín Loxicha. Tenía 26 años al morir. Era consejero municipal y fungía como coordinador de los proyectos productivos. Cuando en 1996 caen presos todos los integrantes de la alcaldía, incluyendo a Agustín Luna Valencia, el presidente municipal, Celerino queda como máxima autoridad.

«Ese año, día tras día se hablaba de allanamientos, de muertos. Estaba tan preocupado que en octubre organizó un foro de derechos humanos en San Agustín, que terminó a balazos porque fue agredido por los pistoleros de Lucio. De ese suceso nació la red de la sociedad civil con los Loxicha», relató Estela en 2005 a La Jornada.

LA VIOLENCIA EN JUCHITÁN

En 2017 mujeres indígenas de Juchitán crearon la coordinadora de mujeres «Gunaa Ni Cayuni Dxiña Sti’ Xquidxhi” que en castellano significa “Mujeres que trabajan por Juchitán” con la finalidad de ayudar a unas 500 mujeres que han quedado viudas por la violencia que vive este municipio ubicado en el Istmo de Tehuantepec.

Esta coordinadora de mujeres adherida a la organización social “Cocei Nueva Generación” nació en la búsqueda de que las mujeres viudas puedan empoderarse autoempleándose y al mismo tiempo no dejen en el desamparo a sus hijos ante la falta de su progenitor.

Juchitán es uno de los cinco municipios más grandes de la entidad oaxaqueña y que suma más de 90 mil habitantes, es considerada por la fiscalía general de justicia de Oaxaca como una de las ciudades más violentas del estado.

“A diario en el municipio se viven entre dos o tres asaltos y cada tercer día un homicidio y es precisamente con las mujeres que quedan viudas y los menores huérfanos no son 1 y tampoco 2 sino decenas las que quedan a la deriva por eso creamos este frente de mujeres zapotecas para que se auto ayuden y trabajen en coordinación para que a través de talleres puedan emplearse y obtener recursos para seguir criando a sus hijos”, explicó entonces Zoila Gómez Cabrera, representante de las mujeres.

La exigencia de las mujeres juchitecas es la creación de un Centro de Atención Especializada para niños huérfanos y madres viudas por su condición de pobreza extrema al no tener como respaldo al jefe de familia. (Con información de Istmo Press).

LAS VIUDAS TRIQUIS

En 2019, en el Congreso de la Unión, Emelia Ortiz García, prima de Daniela y Virgilia, desaparecidas en la zona triqui el pasado 7 de julio de 2007, alzó la voz de la montaña para exigir no más sangre, viudas y niños huérfanos en su pueblo.

“Somos triquis, un pueblo originario cuyo corazón, como una isla en medio del mar, late en medio del vasto y escarpado territorio mixteco, al poniente de la capital de Oaxaca, en el sur de México, en el mismo vientre de las civilizaciones mesoamericanas. Somos una lengua autóctono y antiguo que está en el continente americano desde hace muchos siglos, desde antes de que llegaran los españoles a invadir, a destruir nuestra historia”.

“Algunos nos llaman el pueblo invicto; otros más nos dicen el pueblo rojo, en honor a los huipiles largos que portamos las mujeres hasta los pies, en tributo al espíritu aguerrido de nuestros hombres o en memoria de la sangre que hemos tenido que derramar una y otra vez en defensa de nosotros y de nuestra historia. Nuestros muertos son la memoria viva de nuestras luchas”.

Apuntó que el pueblo triqui exige que regrese la categoría de municipio a San Juan Copala, así como era desde el seis de mayo de 1826, hasta 1948. “Queremos que se nos resuelva la ejecución de la resolución presidencial de 1973 sobre la tierra comunal de nuestro territorio triqui”.

“Queremos que en nuestras escuelas incluyan materia de lectoescritura triqui, para fortalecer nuestra lengua. Somos un pueblo que quiere vivir en paz y que no nos sigan matando. Muchos hermanos triquis han sido asesinados, desaparecidos, lesionados, hay viudas y huérfanos”, finalizó.

Las Naciones Unidas conmemoran el 23 de junio como el Día Internacional de las Viudas (A/RES/65/189) desde 2011 con el fin de dar voz a las experiencias de las viudas y para reactivar cuanto antes el apoyo especial que necesitan.

Ahora más que nunca, este día es una oportunidad para pasar a la acción y conseguir así lograr sus plenos derechos y el reconocimiento para las viudas.

FOTO DE PORTADA AGENCIA IGAVEC